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El patrimonio Biocultural toma como punto de partida los territorios caficultores, vistos como centros de diversidad biocultural, lo que supone entender dichos territorios como áreas configuradas cultural e históricamente, en las que confluye la concentración de diversidad lingüística, étnica, ambiental, biológica y cultural a través de las prácticas, saberes y creencias de las comunidades que durante años han vivido y sentido el territorio.